martes, 22 de diciembre de 2009

Carmelicus Mons




Carmelicus Mons

Aspice candelabrum linx tamen esto, vel Argus.

Nonne vides flores? quot erunt, quotque punica mala?

Quotve scyphos tenet haec pulchra aurea moles?

Sex calami floresque, scyphi oriuntur ab uno

Vecte, cuique datar modo lucis et ovnis origo

Flosque quaternus abest vecti, tot malo granata

Immno scyphi totidem hoc ornant opus; eius at orbes

Truxque; schyphus calamum, flos ternus et unum

Plura quid enumerem? Moyses dumita rite peregit

Cuncta: figurent cuncta superstitis ordinis ortus

Ortus amore Dei formantur pulchrius auro

Albertana novatur ita etsi prisca propago

Elia genitore cluet plusquam aurea lampas

Nam magis, atque magis, nitens ac luce nitescet

car non clara loquor? Nunc none iam in

conspiciunt satrapem nostrum plus sole micantem?

Luminibus centum caput est ceu stemmate cinctum

Sideribus lampas non septem ornata sed octo.

Quot Zodiaci signa ab eo radiantur et astra

Orbe at in imo signatur Carmelicus ordo

Omnibus idem animus modo, post ut pace fruamur.

Monte carmelo

Mira el candelabro, lince sin embargo sé, oh Argos,

¿Acaso no ves las flores?¿cuántas serán, y cuántas las púnicas granadas?

¿o cuántos vasos sostiene esta hermosa aurea mole?

Seis cañas y flores, los vasos nacen de un recio tronco, y sólo al cual es

Dado el origen de la luz y de todo.

Y la flor cada cuatro está lejos del tronco, tanto de la granada.

Al contrario, otros tantos vasos adornan esta obra; y el vaso a la caña,

La flor cada cuatro y a uno.

¿Para qué más enumerara yo? Mientras Moisés así recorrió ritualmente

Todas las cosas juntas, configuren todas las cosas juntas los nacimientos

del sobreviviente orden.

Los nacimientos por el amor de Dios se forman más hermosamente que el oro.

La Albertana se renueva así aunque sea la progenie antigua.

El progenitor Elías es renombrado más que la aurea lámpara.

En efecto, más y más brillando y con luz brillará

¿Por qué no hablo cosas más claras?¡ahora acaso no ya en el auge del orden!

Miran al sátrapa nuestro más brillante que el sol de lumbres de cien,

La cabeza está como ceñida con guirnalda

La lámpara adornada con astros, no siete sino ocho.

Cuántos los signos del zodiaco por él son hechos radiantes, y los astros.

Pero en el orden profundo se señala el carmeliano orden

Para todos el mismo ánimo, con tal que después disfrutemos de la paz.

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