domingo, 3 de enero de 2010

“Añoro el calor de tus labios, añoro el abrazo de la madre tierra”.



“Añoro el calor de tus labios, añoro el abrazo de la madre tierra”.

Estrella fugaz, no otra estrella, no un planeta, ni un universo, sólo una estrella fugaz en el horizonte…sueños de encuentros y caricias, sueños de olvido y desenfreno. Ritual en la soledad de la noche, ceremonia para la inmolación de las penas pasadas. Recorrimos los cuatro vientos, ciclo de encuentro, perseverancia y autoderrota.

Fue el viento frío de la mañana el primero en abrigar las tristezas, fue la aurora de la mañana el primer despertar del gigante dormido, fue mínima la exigencia pero grande y representativa la victoria. ¿Qué es la adaptación? Acaso esa capacidad para poder andar solos y enfrentarse a lo desconocido…estés donde estés habrá gente que te apoya y seres despreciables que te meten la zancadilla, eso parece ser la ley general.

Otro ciclo de victorias parciales y aprendizajes camuflados arribó y con este, el medio día de la gran exigencia; tal vez esa donde el mayor aprendizaje sea asimilar nuestras verdaderas capacidades, tal vez había que agachar la cabeza, guardarse el orgullo y pedir ayuda. Pero un caballero de bronce debe pasar por el fuego.

Las lecciones repetidas tienen por objetivo el que aprendamos aquello que no deseamos aprender, capítulo fugaz para reacceder a un nivel de exigencia máximo. Tal vez para reencontrarse, tal vez porque era necesario y porque la flor más bella está rodeada de espinas.

Sin un proyecto definido, pero con una gran ambición, la tarde llegó y demorarse en ella ya es decir demasiado, entre la fatiga y la incomprensión un barco puede andar a la deriva sin saberlo, puede creer que mantiene un rumbo fijo cuando está inmerso en la tormenta y eso es lo que pasó. Soberbia lasitud y magno laconismo del ser.

Pero la peor de la las tormentas no puede durar cien años, su fuerza devastadora exige que su paso sea fugaz, tanto o más como la estrella… con el acostarse del sol, el clima se volvió propicio para trabajar, aunque hubo que bajar la cabeza en repetidas ocasiones, de entre las adversidades sale a la luz la virtud. Y siempre se mira hacia la luz.

Hoy veo el horizonte y sé que el cambio está cerca, no olvido las lecciones anteriores, sólo lucho por un mejor mañana, para estar en armonía con la madre tierra.


Fernando Alejandro

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