jueves, 11 de febrero de 2010

Por el canto de la alondra



Por el canto de la alondra

“…una espada de diamantes amenaza con su traicionero
brillo, la yugular del monarca, quien admirado de
la misma no hace otra cosa que contemplarla
y obviar su próxima caída…”

Por: Fernando Alejandro

Miles de pensamientos invaden mi ser en estos instantes previos. Días, años, horas, meses o sólo segundos… ¡El tiempo es tan relativo! Pareciera que se burla de nosotros sin el mayor indicio de remordimiento. Sin embargo, prevalece en mi interior esa sensación del cautivo que se encuentra ante la próxima culminación de su condena.

En efecto, el añorado retorno a la Ítaca está cerca. Soy consciente de ello y esta noche jugaré con alevosía en ese sentido: hablar en primera persona, aunque válido, no suele ser tan llamativo… Sin embargo, existen ocasiones en que debemos probarnos y constatar de qué estamos hechos realmente.

Estoy a punto de volver a mis orígenes, estoy a punto de cerrar un ciclo de luchas, reestructuraciones, travesías y naufragios sin fin; atrás quedan todos esos fantasmas del ayer, las sombras penosas y todo aquello que en algún momento me dañó, es necesario que el oro pase por el fuego y que el alquimista realice su labor.

Ciertamente, en ocasiones he tenido que romper las copas, perder la cordialidad y patear el tablero; asimismo, más de una vez tuve que defender mis ideas, principios y creencias… Ciertamente, en ocasiones me he equivocado y me ha tocado reparar los daños, pero ante todo, he vivido y he aprendido a aprender y es en ese aprendizaje compartido donde la interacción con los demás ha sido el capítulo más interesante de la cotidianeidad, un oasis cuya agua fresca nos permite reconfortar el alma mientras construimos y continuamos en la lucha.

Múltiples y variadas expectativas se crean a mí alrededor, algunas de ellas realmente positivas e inspiradoras de un nuevo ahínco, sería un error no agradecer el apoyo mostrado en ellas… Otras, por el contrario, resultan ser tan negativas que se podrían generalizar bajo el estigma pesimista del “no podrá”, “en menos de un año se dará por vencido y estará de vuelta”, “está loco”…

Sin afán de presunción o terquedad de mi parte, sólo diré que daré siempre lo mejor de mí, jamás para exhibirme banalmente, sino para construir un mejor mañana y así, con el ejemplo, compartir, porque sí se pueden hacer bien las cosas y es nuestro deber el luchar por ello.

Hace cinco o seis años todo era entropía, en ese entonces, nadie hubiera creído que llegaría a donde me encuentro ahora. Un ciclo se cumple, cierto, pero esto no significa que con el se detengan los aprendizajes. Por el contrario, día a día constato que debo recorrer bastante en el camino de la cortesía, la modestia, el honor, la paciencia, el autocontrol y el coraje.

Al asumir un nuevo camino, innegablemente dejaré de lado otros posibles senderos. No habría que ser un sabio para constatar la imposibilidad de seguir todas las rutas al mismo tiempo. Al cambiar la manera en que percibo y enfrento el mundo, consigo que un nuevo hombre surja en mi interior, un hombre que renovado como el Ave Fénix se levanta de entre las cenizas del olvido y vuela en todo lo alto: radiante, majestuosa, imponente y sobre todo segura se sí misma y de lo que quiere.

No puedo caer en el conformismo y la mediocridad del ciclo ya concluido, ¡no, una y mil veces no!; Inicio este nuevo círculo de mi vida porque sé que hay muchas enseñanzas que debo asimilar, estoy entre otras cosas, convencido que los mejores tiempos apenas comienzan para todos los que estimo y quiero. Es por ellos que elijo morir a dejar de soñar y dar el máximo. Elijo morir a dejar de dar lo mejor de mí en todo lo que hago. Elijo morir a darme por vencido antes de haber hecho hasta lo imposible.

He tenido razones de peso para encerrarme y preparar el combate venidero. Ciertamente no quiero dejar nada al azar. Sólo pido un poco de credibilidad y confianza. En estos instantes previos he recordado todas las enseñanzas de antaño; ciertamente, por algo ocurren las cosas y no reniego del pasado, pero miro convencido hacia el futuro pues con firmeza logramos su construcción con el presente.

La tradición popular europea establece que el canto de la alondra es portador de buenas nuevas. Cierro entonces estas líneas de egocéntrica y subjetiva reflexión, no sin la convicción de ir por el camino correcto y de poder seguir escuchando ese grato canto todas las noches, donde quiera que me encuentre, pues ahí estaré construyendo con esfuerzo un mejor porvenir para los que vienen detrás de nosotros.

A los que creyeron en mi, muchas gracias, en serio y a los que no, sinceramente…también las gracias.