viernes, 11 de junio de 2010

El ser humano como ser de valores






El ser humano como ser de valores

Por: Fernando Alejandro León Avelar.



Para definir al ser humano dentro de un conjunto de valores primeramente habría que aceptar la premisa de su capacidad de razonamiento por encima de las otras especies con las que convive. De este modo, se podría considerar que el hombre busca la construcción de un esquema válido y aceptado por un acuerdo común entre individuos que viven en una misma sociedad para diferenciar lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es.

Definir lo que es bueno para unos podría poner en discusión si lo mismo es bueno para otros. En una época convulsa, donde los medios de información masiva nos bombardean y ponen en evidencia los problemas sociales actuales para vender noticias, se habla banalmente de crisis de valores y ausencia de ética entre los individuos y organizaciones políticas.

Resulta entonces que si los valores se trasmiten a través de la cultura y responden a una necesidad de educación, nunca hemos tenido más adelantos científico-tecnológicos que en la actualidad. No, entonces tal vez el fenómeno actual no es necesariamente una “crisis de valores”, sino más bien un “desencanto moral”, puesto que la educación existe y la disyuntiva sea de medios y fines de esta.



En ese sentido, las nuevas necesidades y adaptaciones generacionales y los cambios en la manera de percibir al mundo hayan inducido, como lo especifica la señora Adela Cortina, a un pragmatismo camaleónico o indiferencia moral y no tanto a una trasgresión de los valores éticos de la sociedad.

Para sobrevivir, las sociedades actuales requieren de algunos acuerdos básicos sobre los que se pueda concebir la existencia de diferencias estructurales, en ese sentido, es más sensato hablar de un “pluralismo moral”, en tanto que este no descarta la existencia de valores que coinciden en un tiempo y espacio, a una idea general de “subjetivismo moral”, pues este segundo concepto implicaría la implantación de las ideas por la fuerza, por ejemplo: alguien podría justificar la corrupción porque un valor para esa persona es la familia y favorece a su familia por encima de la sociedad, en ese entendido hablar de subjetividad sería caótico.



El desafío de la sociedad actual consiste en enseñar la virtud y lograr que la moral no sea sólo un convencionalismo discursivo. Así entonces, una verdadera educación para la vida debería preocuparse por formar personas integras y no sólo el saber y la destreza científica y tecnológica que ya de por sí son de carácter imprescindible en la formación de las nuevas generaciones.

Finalmente, consideremos que para la formación de buenos ciudadanos no basta con seguir y respetar las leyes, se debe asimismo buscar una alta moral a través de una autoestima alta, a través de la autonomía y la solidaridad con los demás para poder alcanzar realmente un conjunto de valores que nos permitan respetar e interactuar con los demás.


No hay comentarios.: