domingo, 26 de diciembre de 2010

La Francofonía y sus orígenes.



La Francofonía y sus orígenes.

Por: Fernando Alejandro León Avelar.

El origen, la formación, el desarrollo de la lengua francesa y la “Francofonía” en sí misma, se explican en conjunto como producto lingüístico y social inseparable como se detalla a continuación. En una próxima entrega estudiaremos los galicismos.

Romania y Galorromania
Romania y Galorromania, son dos sustantivos dentro de los que se inserta la Francofonía. Son once las lenguas romances que están implicadas con el cambio del latín vulgar a las variaciones nacionales o regionales, a saber: rumano, dalmático, sardo, italiano, retorromance o ladino, francés, provenzal u occitano, francoprovenzal, catalán, castellano o español y gallegoportugués.

Las once lenguas se utilizarán en la Romania, en clara contraposición a otras lenguas como: el griego, el celta y el anglosajón cuyo origen es distinto.

Romania apareció en siglo IV, indica los sitios en donde están asentados los idiomas neolatinos: Rumanía, Italia, Francia, España, Cataluña, Galicia-Portugal y posteriormente la América Latina, que sería preferible llamar románica.

La Galorromania es el conjunto de lenguas romances de la antigua Galia (actual Francia). Durante la Edad Media, los dialectos del francés se usaban en todo el norte del hexágono, los del occitano (que han perdido fuerza) desde el Macizo Central y al sur de Francia. El francés es una lengua neolatina con una fuerte influencia del galo (lengua celta) y del francón, dialecto de origen germánico.

Todo nombre tiene su razón de ser: para la “Francofonía”, al menos en su inicio, esto se cumple, pero debemos hurgar un poco en la historia de Francia.

La Gallia, nombre con que los romanos conocían a Francia, había sido conquistada, romanizada y latinizada por Julio César luego de la derrota de Vercingétorix.

En el 476, desaparece el Imperio Romano de Occidente, cuando Rómulo Augústulo es depuesto por Odoacro, rey de los hérulos (tribu germánica invasora). Pero el latín y la cultura romana no desaparecen en el transcurso de la Edad Media y tampoco lo harán después, pues los pueblos nórdicos germánicos no obstante haber desbaratado el imperio y haberse asentado sobre sus despojos, no hacen desaparecer la cultura romana ni su idioma el latín. Se pueden mencionar: los francos en Francia, los visigodos en España y los longobardos y ostrogodos en Italia. De esas tribus, la principal, fue la de los francos, quienes procedían de la futura Alemania. De hecho, en la Alemania existe una región que se llama la Franconia.

Es con el rey franco Clovis o Clodoveo (una vez convertido al cristianismo y bautizado en la catedral de Reims) que sus súbditos y el resto de los francos se convierten al cristianismo y comienzan a olvidar su dialecto en aras del latín. La Francofonía se inserta dentro de lo latino-románico y germánico.

Más adelante es constituido de nuevo el Imperio Romano, por demás cristiano y germánico, bajo la guía de un franco: Carlomagno. En el 800 es retomado el latín como idioma oficial del Imperio Carolingio y de los cultos renacentistas. Sin embargo, el pueblo es fundamentalmente iletrado y ¡no entiende nada latines!; había entonces que estudiarlo en las escuelas creadas por Carlomagno y Alcuino de Cork.

En Francia se habla una rustica romana lingua (especie de francés primitivo). Por la misma época del Renacimiento Carolingio, los obispos ordenan predicar el Evangelio en esa lengua, mediante las estipulaciones de tres asambleas conciliares: Tours, Reims (Francia) y la otra en Maguncia (Alemania). En el siglo IX no tenía ningún sentido seguir predicando el Evangelio en latín si ya el pueblo no lo entendía.

Es con “Les Serments de Strasbourg”, el 14. II. 842 J Carlos el Calvo, en la parte francesa y sus soldados pronuncian su juramento en una especie de alemán antiguo para que fueran comprendidos por la soldadesca germana, al otro lado del Rin; luego, hace lo mismo Ludovico el Pío y sus soldados, pero en francés antiguo. Estos juramentos son las actas de nacimiento del francés y del alemán.

Dentro de la gama dialectal francesa, un dialecto específico comienza a tener preponderancia, se trata del francien, francón, ya latinizado y usado en la Île de France, a pesar de que el primer texto literario, “la Chanson de Roland”, se escribió en un dialecto normando y no precisamente en Francia, sino en Inglaterra.

En las glosas de Reichenau del siglo VIII, un glosario monolingüe en latín-latín, aparece el sustantivo latinizado de “Frantia” para explicar el término celta-latino de “Gallia”, en forma muy sencilla: Gallia=> Frantia.

Definición y etimología de Francofonía
La Francofonía indica, pues, todos los sitios: pueblos, países y regiones allí en donde se emplea el francés como idioma, generalmente oficial y no sólo en Francia.

El término de “Francofonía” es híbrido o bitemático: el primer elemento procede del francón o francien (dialecto germánico) “Frank”, latinizado en “francus”, palabra germánica con el sentido de “libre, exento”. Por su parte, el sustantivo griego Φονος (fonos -sonido-) completa el sentido del término Francofonía.

El siglo XII en Francia
El siglo XII es el siglo de otro renacimiento, constituye el siglo de la mujer, del amor, de Ovidio, de Abelardo y Eloísa, de San Bernardo y el culto a la Virgen María, el siglo del paso de las escuelas catedralicias a las universidades.

En este siglo, Francia descuella en lo románico y en lo latino; en el primer caso la “Francofonía” comienza a alzar vuelo mediante una gran dama: Eleonor de Aquitania (1122-1204) quien favoreció a poetas trovadores occitanos de oc y a troveros franceses de oïl. Para Eleonor escribió Chrétien de Troyes, autor de la “materia de Bretaña: los caballeros del Rey Arturo y la búsqueda del santo Grial”.

L’Île-de-France et le francien
Un país no puede contentarse con un tejido de distintos dialectos. De uno de ellos ha de salir la lengua oficial de su literatura y cultura nacional.

El latín tuvo su centro en Roma. Con la llegada de los germanos, el latín se desbandó, pues se hizo centrífugo. En un cierto momento, todas las regiones en donde se usaba alguna lengua romance, necesitaron un centro de convergencia, para Francia este centro fue en el francien, aunque el dialecto casi era ya completamente latinizado. Las razones están escritas por B. E. Vidos, en el Manual de lingüística románica, luego de exponer que, en el siglo XII, todavía no existía en Francia una lengua literaria uniforme; que, luego del reinado de San Luis, a finales del XIII, París y el francien toman ventaja, con un movimiento centrípeto acelerado luego de la guerra de los 100 años, a lo cual se debe añadir el poderoso florecimiento de París luego del reinado de Carlos VII y la difusión de la imprenta desde Alemania.

En la Île de France se encuentra París, en cuyo alrededor se une el Sena con el Marne y el Yonne con el Oise, junto con el Aisne; a partir de esta “Isla” tuvo lugar la irradiación cultural y lingüística del dialecto de la “Isle-de France”.

Triunfo de la Francofonía
En Francia, el “francien” se convirtió en el siglo XV en la “lengua literaria” francesa por excelencia. Île-de-France era ya en la época merovingia el centro ideal del país.

El edicto de Villers-Cotterets, emitido por el rey Francisco I, en 1539, no hizo más que dar el espaldarazo a lo que ya se venía actuando. Se prescribía que “pronunciados, registrados y entregados a las partes en lengua materna francesa y no de otro modo”.

Esto representó el triunfo definitivo de la Francofonía y el golpe de gracia para el latín y el occitano, que ya de por sí veían su caída desde la Cruzada contra los Albigenses, (de Albi, cerca de Tolosa).

En guisa de conclusión, es a través del establecimiento de la Academia de Lengua francesa (con Richelieu), las grandes creaciones literarias (Victor Hugo, Balzac, Molière, Voltaire… Descartes) el Grand Siècle Français, la publicación de libros, los viajes y los modernos medios de comunicación, como el Canal 5 de Francia, Radio Francia Internacional, la creación de colegios y liceos franceses por varios países y actualmente Internet, que la Francofonía ha tomado impulso y valor, la apertura al mundo y el acceso a un mejor saber sobre la base de la excelsa tradición cultural francesa.


Fuentes consultadas
  • Diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas.
  • Dictionnaire étymologique de la langue Française de O. Bloch y W. v. Wartburg.
  • Manual de lingüística románica, B. E Vidos.

El cruce del Rubicón…



El cruce del Rubicón…

Por: Pierrot

Es innegable la influencia grecolatina en las lenguas modernas, ¿qué sería del aprendizaje de idiomas sin las raíces griegas y latinas? Más aún, en el español mismo podemos rescatar mucho de esta presencia etimológica. Con motivo del primer ejemplar de la Revista del CL, quisiera invitar, desde una perspectiva mítica-etimológica, a todos los estudiantes y personal docente para que “crucen el Rubicón” y sigamos adelante con la revista, la cual por demás es un espacio hecho por y para la CL.

“Cruzar el Rubicón”, noble expresión que nos fue heredada de los antiguos romanos, se utiliza para señalar el punto de no retorno, algo de lo que no hay marcha atrás, ese punto en el que la decisión está tomada y se lleva a cabo con fuerza, aplomo y precisión. El Rubicón es un modesto río que se inmortalizó por esa frase, modesto por su hidrografía, pero grande por el suceso que dio origen a esta frase de Julio César cuando se dispusieron a conquistar las Galias (región actual que por antonomasia se toma como Francia), valga decir, fue así como el Imperio Romano alcanzó su expansión y grandeza.

Desde el Siglo XIX la filología (estudio científico de la lengua) se cuestionó el asunto del método en el aprendizaje de las lenguas (inclusive y con más razón, el de la lengua materna), hoy se habla superfluamente de lenguas “muertas” y lenguas “vivas” como si se tratara de objetos de un supermercado, en el primer grupo se suelen mencionar el latín, el griego antiguo y el sánscrito por especificar sólo algunos casos.

Pero habría que preguntarse si ¿realmente una lengua como el latín sería una lengua muerta? Personalmente, lo dudo absolutamente y me niego a aceptarlo; al servir de semillero a las lenguas romances (español, portugués, italiano, francés, catalán y rumano) el latín es de las lenguas más vivas del orbe, como hispanohablantes somos testimonio y ejemplo de ello.

Para Nietzsche, la filología (estudio de la lengua) era un asunto de lectura y por ende el filólogo (especialista en lengua) era concebido como un “profesor de lectura pausada”. Desde esta visión, tenemos que para Nietzsche la filología era un arte tripartita: el arte de escribir, el arte de leer y el arte de pensar; valga decirse, que ninguna de las tres habilidades podía ser suprimida o consumarse por sí misma sin la coacción de las otras.

Si retornamos a los autores clásicos (y vaya que deberíamos retomarlos urgentemente), Aristóteles diría en nuestros tiempos que el programa no es el fin en sí mismo, sino un instrumento para llegar al fin, más bien, dicho fin es el aprendizaje. Para Aristóteles el fin es lo más importante y habría que preguntarse: en el caso de las lenguas extranjeras, ¿qué es lo más importante: fin o instrumento?

La realización de una lectura profunda dista mucho de la realidad cotidiana en la lectura de nuestros jóvenes, esto se constata en la ortografía y la presentación de las ideas tanto a lo oral como en la parte escrita. Incitemos la lectura desde la visión mitológica: el panorama (πᾱνόραω) es una aberración, el fantasma de la totalidad que enajena los sentidos. La representación abstracta del monstro Argos quien, a pesar de sus cien ojos, es incapaz de mantenerlos todos abiertos en forma simultánea. Panorama sería, esa actitud enfermiza de querer cubrirlo todo y terminar cubriendo nada, querer prestarle atención a todo y terminar por no retener nada, despreciar lo esencial, lo valedero.

El panorama es combatido por el dios Hermes, el dios de la escritura. πᾱν (pan) es el pánico a los textos Mientras que la hermenéutica (interpretación de textos) no tiene nada que ver con lo panorámico, más bien se refiere a la interpretación que el auspicio de un dios puede dar, dicho término viene de Hermes.

Entonces, la mejor forma de despreciar la lectura es querer verlo todo y no ver nada. Si el simposio entre los griegos era una sobremesa en la que se bebía colectivamente y se conversaba sobre temas de interés diversos, adoptemos pues una actitud simposiaca donde el grado de ebriedad dependerá del tema que se trate, pero embriaguémonos con la lectura, embriaguémonos con la escritura y embriaguémonos con el pensamiento y el debate.

Pero ¿por qué los invito a leer? La respuesta es simple, porque Nietzsche no estaba tan equivocado, actualmente se ha perdido la capacidad de leer entre líneas y hacer una lectura más profunda de los textos, pareciera estar atrofiada la expresión escrita (y esto repercute en la expresión oral, léxico, pensamiento, claridad de las ideas…) es muy común que los estudiantes, inclusive universitarios, fallen en estas áreas.

Estas habilidades de las que se habla se desarrollan leyendo y ese conocimiento que se suele interiorizar como intrínseco a la lengua materna, no está tan lejano de la realidad de una segunda o tercera lengua como lo sería el inglés o el francés.

La Revista del CL es una excelente opción para que la comunidad escolar le corte la cabeza al monstruo panorámico de los mil ojos y busque la luz del saber: “Lucem Aspicio”. La actividad epistémica y el desarrollo de las más variadas habilidades como lo son la creación, la investigación y el trabajo en equipo son destrezas asociadas que se pueden explotar exponencialmente con un proyecto como la Revista CL.

El Rubicón se ha cruzado, larga vida a este proyecto que hoy arranca en el CL.