domingo, 26 de diciembre de 2010

El cruce del Rubicón…



El cruce del Rubicón…

Por: Pierrot

Es innegable la influencia grecolatina en las lenguas modernas, ¿qué sería del aprendizaje de idiomas sin las raíces griegas y latinas? Más aún, en el español mismo podemos rescatar mucho de esta presencia etimológica. Con motivo del primer ejemplar de la Revista del CL, quisiera invitar, desde una perspectiva mítica-etimológica, a todos los estudiantes y personal docente para que “crucen el Rubicón” y sigamos adelante con la revista, la cual por demás es un espacio hecho por y para la CL.

“Cruzar el Rubicón”, noble expresión que nos fue heredada de los antiguos romanos, se utiliza para señalar el punto de no retorno, algo de lo que no hay marcha atrás, ese punto en el que la decisión está tomada y se lleva a cabo con fuerza, aplomo y precisión. El Rubicón es un modesto río que se inmortalizó por esa frase, modesto por su hidrografía, pero grande por el suceso que dio origen a esta frase de Julio César cuando se dispusieron a conquistar las Galias (región actual que por antonomasia se toma como Francia), valga decir, fue así como el Imperio Romano alcanzó su expansión y grandeza.

Desde el Siglo XIX la filología (estudio científico de la lengua) se cuestionó el asunto del método en el aprendizaje de las lenguas (inclusive y con más razón, el de la lengua materna), hoy se habla superfluamente de lenguas “muertas” y lenguas “vivas” como si se tratara de objetos de un supermercado, en el primer grupo se suelen mencionar el latín, el griego antiguo y el sánscrito por especificar sólo algunos casos.

Pero habría que preguntarse si ¿realmente una lengua como el latín sería una lengua muerta? Personalmente, lo dudo absolutamente y me niego a aceptarlo; al servir de semillero a las lenguas romances (español, portugués, italiano, francés, catalán y rumano) el latín es de las lenguas más vivas del orbe, como hispanohablantes somos testimonio y ejemplo de ello.

Para Nietzsche, la filología (estudio de la lengua) era un asunto de lectura y por ende el filólogo (especialista en lengua) era concebido como un “profesor de lectura pausada”. Desde esta visión, tenemos que para Nietzsche la filología era un arte tripartita: el arte de escribir, el arte de leer y el arte de pensar; valga decirse, que ninguna de las tres habilidades podía ser suprimida o consumarse por sí misma sin la coacción de las otras.

Si retornamos a los autores clásicos (y vaya que deberíamos retomarlos urgentemente), Aristóteles diría en nuestros tiempos que el programa no es el fin en sí mismo, sino un instrumento para llegar al fin, más bien, dicho fin es el aprendizaje. Para Aristóteles el fin es lo más importante y habría que preguntarse: en el caso de las lenguas extranjeras, ¿qué es lo más importante: fin o instrumento?

La realización de una lectura profunda dista mucho de la realidad cotidiana en la lectura de nuestros jóvenes, esto se constata en la ortografía y la presentación de las ideas tanto a lo oral como en la parte escrita. Incitemos la lectura desde la visión mitológica: el panorama (πᾱνόραω) es una aberración, el fantasma de la totalidad que enajena los sentidos. La representación abstracta del monstro Argos quien, a pesar de sus cien ojos, es incapaz de mantenerlos todos abiertos en forma simultánea. Panorama sería, esa actitud enfermiza de querer cubrirlo todo y terminar cubriendo nada, querer prestarle atención a todo y terminar por no retener nada, despreciar lo esencial, lo valedero.

El panorama es combatido por el dios Hermes, el dios de la escritura. πᾱν (pan) es el pánico a los textos Mientras que la hermenéutica (interpretación de textos) no tiene nada que ver con lo panorámico, más bien se refiere a la interpretación que el auspicio de un dios puede dar, dicho término viene de Hermes.

Entonces, la mejor forma de despreciar la lectura es querer verlo todo y no ver nada. Si el simposio entre los griegos era una sobremesa en la que se bebía colectivamente y se conversaba sobre temas de interés diversos, adoptemos pues una actitud simposiaca donde el grado de ebriedad dependerá del tema que se trate, pero embriaguémonos con la lectura, embriaguémonos con la escritura y embriaguémonos con el pensamiento y el debate.

Pero ¿por qué los invito a leer? La respuesta es simple, porque Nietzsche no estaba tan equivocado, actualmente se ha perdido la capacidad de leer entre líneas y hacer una lectura más profunda de los textos, pareciera estar atrofiada la expresión escrita (y esto repercute en la expresión oral, léxico, pensamiento, claridad de las ideas…) es muy común que los estudiantes, inclusive universitarios, fallen en estas áreas.

Estas habilidades de las que se habla se desarrollan leyendo y ese conocimiento que se suele interiorizar como intrínseco a la lengua materna, no está tan lejano de la realidad de una segunda o tercera lengua como lo sería el inglés o el francés.

La Revista del CL es una excelente opción para que la comunidad escolar le corte la cabeza al monstruo panorámico de los mil ojos y busque la luz del saber: “Lucem Aspicio”. La actividad epistémica y el desarrollo de las más variadas habilidades como lo son la creación, la investigación y el trabajo en equipo son destrezas asociadas que se pueden explotar exponencialmente con un proyecto como la Revista CL.

El Rubicón se ha cruzado, larga vida a este proyecto que hoy arranca en el CL.

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