viernes, 14 de enero de 2011

Recuerdos de lo que un día escribí...



Recuerdos de lo que un día escribí...

Pierrot

Los días transcurren sin la mayor novedad, exigencias van y exigencias vienen, pero nunca se van. Ciertamente, así pasan las horas desde mi partida de ese pequeño terruño al que llegué sin desearlo y al que casi sin querer, terminé llamando hogar; una catarsis de emociones, aventuras y hasta de sentimientos encontrados han llegado cual avalancha carroñera en época de deshielo, meramente para corroer el alma. Pensamos que, no dejamos de crecer, pero ya una vez que has recorrido parte del camino es como si una premonición lejana se posesionara de los instantes venideros. Hoy me inundan interrogantes como ¿quién soy?, ¿qué quiero ser realmente?, ¿en qué me he convertido? y ¿hacia dónde quiero ir? Tal vez todas estas preguntas existenciales sigan con la respuesta intermedia de aquel que siempre está dispuesto a adaptarse a los nuevos retos y readecuar el fatídico y abusador panorama totalitario. Tal vez todo esto se pierda en el tiempo, como aquellos recuerdos de lo que un día escribí.

Encuentro y leo los fragmentos de mi historia olvidada, cual tesoros de infancia enterrados con la finalidad de no ser descubiertos jamás, intento resguardarme en esa época pasada, siento en el alma no reconocerme y a la vez saber esas letras perdidas de mi propiedad. Cuando luchamos por algo con todo el corazón, ninguna fuerza es tan grande como para ir en contra de los designios del Gran Arquitecto del Universo. En el fondo sé muy bien que somos gotas de agua en el océano y eso no lo pongo a discusión. El mundo entero está a nuestro favor cuando nos decidimos a trabajar con todas las ganas, para así, mostrarnos las grandezas del infinito en cada detalle de nuestras vidas. Me gusta pensar en que la felicidad es más que una meta ilusoria. Desearía poder constatar que me encuentro en la etapa más feliz de mi existencia, pero no es así, pues ya no sé ni quién soy realmente. No sé a ciencia cierta si tal vez esa felicidad ya llegó a mi vida y teniéndola entonces pasé añorándola inútilmente en el avenir, mientras vivía esos recuerdos de lo que un día escribí.

No estoy triste ni feliz, sólo contemplo el recuerdo de una estrella fugaz mientras me hallo perdido en una nube de nostalgia. Desempolvo recuerdos de antaño, familia y casa. Sé que construyo día con día y en el camino el tiempo pasa. Tal vez envejecí sin saberlo, por dentro y sin añoranza. Sonidos del alma, espacio, tiempo y distancia, para poder ver mil vergeles y escuchar de la alondra su canto, porque de la amante lejana noticias nos trae su sentir y su llanto. Viajero incansable del tiempo, para saber donde estoy. Miles de kilómetros para verte y miles más para dejar su amor. Porque dicen que todas las historias tienen un fin, no quisiera despedirme sin llegar hasta ti, que aunque lo nieguen los pueblos y lo tenga así la gente, realidad del cielo que por mi espíritu hablará la raza, como historias que contaba desde mi más tierna infancia y sean sólo recuerdos de lo que un día escribí…

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