sábado, 1 de enero de 2011

Resumen de: Karl Marx, “La Mercancía” Capítulo 1.



Resumen de: Karl Marx, “La Mercancía” Capítulo 1.

Fernando Alejandro León Avelar.

En la mercancía lo primordial es el uso y valor dentro de las necesidades que dicho bien tiene para el interesado. Puntos de vista han establecido valoraciones varias que se fundamentan en aspectos como la calidad y la cantidad de un determinado bien, pero estas, al ser consideraciones subjetivas o relativas, han dado lugar a las denominaciones de “valor de uso” y “valor de cambio” en el campo económico.

El valor de cambio se da como una relación cuantitativa entre dos o más bienes distintos con el que se permite el intercambio directo o indirecto entre estos; el valor de uso, por su parte, suele ser considerado como un equivalente entre productos del trabajo o de actividades específicas realizadas, en ese sentido, el valor de uso sólo encierra una materialización del trabajo humano abstracto.
Otros aspectos se han considerado como el rendimiento, en el sentido del tiempo de trabajo que se considera socialmente necesario para alcanzar la obtención de un determinado bien. Esto es, en consideración a las condiciones normales de producción y con un grado medio de pericia considerado como estándar en la sociedad.

Se establece también que las mercancías que encierran cantidades de trabajo iguales, o que pudieran ser producidas en un tiempo de trabajo equivalente poseen la misma magnitud de valor. En general, cuanto mayor sea la capacidad productiva del trabajo, más corto será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un determinado objeto. La mercancía será considerada mercancía, en tanto sea un bien destinado a un acto de cambio.

Se considera trabajo útil, aquel que está directamente asociado a la producción de un bien específico. El trabajo se representa entonces como una condición esencial en la vida del hombre, como una condición independiente de todas las formas de la sociedad, como una necesidad perenne y natural. De modo tal, se concibe también una división social, o estratificación del trabajo. El trabajo no constituye la única fuente de los valores de uso que produce. El trabajo es según Petty, el padre de la riqueza y la tierra de la madre.

El trabajo humano es el empleo de la fuerza de trabajo de todo hombre común y corriente. El trabajo complejo, no es sino el trabajo simple potenciado. En ese entendido, la fuerza de trabajo se presenta como una expresión directa de la fuerza de trabajo simple; entonces, la magnitud de trabajo de una mercancía, sólo responde a la cantidad de trabajo contemplado en ella, es decir, son valores iguales.

El valor de uso es directamente proporcional a la riqueza material, entonces todo trabajo es gasto de una fuerza humana abstracta de trabajo. El valor de cambio es siempre inaprehensible, su materialidad se concentra como valores sociales entre mercancías.

Al comparar mercancías y establecer un intermedio socialmente aceptado como medio “universal” de cambio, la misticidad del dinero se esfuma y su convencionalismo se vislumbra como un facilitador de equivalentes en forma potencialmente ilimitada.

No podríamos hablar entonces de dinero, si no se concibe de fondo una forma relativa de valor que facilite las equivalencias, entonces, sería consecuente decir que las mercancías no son más que las cristalizaciones del trabajo humano, en su abstracción analítica del valor.

La relación o razón de valor relativo permite cristalizar en efecto e trabajo humano, la determinación de una forma relativa de valor, permite entonces entrar al terreno de lo cuantificable, bajo un principio básico que dos cantidades de mercancías cuestan, o bien la misma suma de trabajo o el mismo tiempo de trabajo.

El valor relativo aumenta o disminuye directamente cuando el valor de una segunda con la que se compare permanezca constante. La forma equivalencial de una mercancía, no encierra ninguna determinación cuantitativa de valor.
La expresión del valor es entonces algo puramente social, una convención independiente de las propiedades físicas. El carácter misterioso de la forma equivalencial se ve cristalizada en la forma de dinero. El trabajo representa entonces una dimensión abstracta de trabajo humano. Aristóteles establece que para comparar dos mercancías debe existir entre ellas una relación medible.
El trabajo humano permite entonces una idea de equiparación de todos los trabajos, a su vez, las relaciones sociales proponen con Aristóteles a unos hombres como los poseedores de mercancías y otros por defecto, como poseedores de trabajo. La mercancía es valor de uso y valor de cambio. La forma de valor o la expresión de de valor de la mercancía brota de la naturaleza del valor de esta.

La mercancía no tiene valor ni magnitud del valor fuera de la expresión que reviste en relación de cambio. El valor de una mercancía sólo puede expresarse en términos de una mercancía de otro género.

El número de posibles expresiones de valor de una mercancía, no tropieza con más limitación que la del número de clases de mercancías distintas que existan. La forma relativa de valor desarrollada comprende la cristalización de trabajo humano indistinto. La forma equivalencial concreta determina las diversas clases del trabajo útil determinado.

En general, una mercancía sólo puede cobrar expresión general de valor si al mismo tiempo las demás se expresan en el mismo equivalente. El valor de la mercancía se da por la existencia social de los objetos. La forma equivalente no es más que la expresión y el resultado del desarrollo de la forma relativa de valor.

Una mercancía comparada con otra mercancía es permutable y adquiere valor con el tiempo, el trabajo empleado y la convención social que se tenga de ella. La forma dinero, mantiene en su seno una función social específica, el oro históricamente ha sido el valor de resguardo de las mercancías y las sociedades han privilegiado este metal por encima de otros medios.

La forma equivalente general se adhiere por la fuerza de la costumbre social, a la forma natural específica de la mercancía oro.
Tan pronto como los hombres trabajan unos con otros, su trabajo cobra una forma social, de este modo se consolida una objetivación del trabajo o del valor con los productos del trabajo. Así, de esta agrupación surge un carácter material de los productos del trabajo, los trabajos privados sólo funcionan como eslabones del trabajo colectivo de la sociedad.

Los hombres no relacionan entre sí los productos de su trabajo como valores, lo que hacen es equiparar los diversos trabajos como modalidades del trabajo humano. La conciencia científica y la interpretación del trabajo individual proponen la división social del trabajo en términos reducidos a proporciones fortuitas de acuerdo a una relación proporcional social y de la ley natural reguladora del tiempo de trabajo que socialmente es aceptado para su producción.

El valor de cambio no es más que una determinada manera social de expresar el trabajo invertido en un objeto y no puede contener materia alguna natural. El establecimiento del valor se ve entonces por Marx, como un proceso social, que involucra en primera instancia el intercambio entre dos o más mercancías determinadas, su valoración como trabajo y la aceptación de un medio de cambio universal como lo es el dinero.

Hombre
Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios: soy un hombre
(como decir un alga).
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan, casa...

Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
-Jorge Debravo

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