martes, 4 de enero de 2011

Teorías del Estado: ensayo y error para la formación conceptual del Estado-Nación modernos.



Teorías del Estado: ensayo y error para la formación conceptual del Estado-Nación modernos.

Fernando Alejandro León Avelar

Dentro de las teorías del Estado, habría que conceptualizar de entrada que ningún Estado se consolida sin poder público. Esta afirmación se vuelve asertiva en la práctica, pero los pensadores y constructores de nuestro sistema de organización, con el pasar del tiempo, tuvieron que agruparse en dos corrientes de pensamiento para poder experimentar los diferentes planteos y posturas que la organización jurídica establece.

La corriente realista, poseía como finalidad la elaboración de un concepto de Estado ajustado a la vida comunitaria de los individuos, por esto se le considera ontológica, es decir, en su esencia misma no se preocupa por idealizar cómo debiera ser el sistema de organización estatal, sino que se limita a lo que la realidad de las sociedades permite llevar a la práctica.

Las posturas de los pensadores idealistas, por su parte, establecen una dimensión deontológica del estado. Es decir, cómo debiera ser la organización ideal de este y de sus estructuras de trabajo para el beneficio de la sociedad, sin reparar tanto en la puesta en práctica de los postulados sobre los cuales se erigen.

Algunas de las teorías más relevantes en la actualidad son por ejemplo, las de Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Francisco Suárez, Tomás Hobbes, John Locke, Barón de Montesquieu, Jean Jacobo Rousseau, Hegel, Marx-Lenin, entre otros.

Sin embargo, antes de adentrarnos en cada una de las principales teorías específicas, habría que preguntarse retóricamente, con un sentido crítico y tal vez con la alevosía de quien conoce de antemano la respuesta muy en su interior: ¿será posible una organización estable sin el Estado mismo?, ¿puede la personalidad estatal separarse de la personalidad jurídica de la que comúnmente se le revierte?, ¿serán nociones tan socorridas como Nación y Estado equivalentes en la dimensión integral del término y con todas las connotaciones jurídicas que esos conceptos implican?, ¿será posible desvirtuar al Estado como modo de agrupación entre los individuos para la obtención de un fin común?

Platón concibió clases sociales en la estructura organizacional política y por ende las nociones básicas de aristocracia, la democracia y la oligarquía (cabe decir, con la degeneración política se caía en la timocracia) se constituye la democracia como un régimen de libertad e igualdad con las limitaciones que imponen el desorden y la anarquía, las cuales al persistir terminarían indefectiblemente en tiranía.

Por su parte Aristóteles con su “zoon politikon” determinó que el Estado es una entidad necesaria, en tanto el ser humano se desenvuelve dentro de él. Para Aristóteles la aristocracia y la democracia constituyen regímenes puros, mientras que sus procesos degenerativos en su forma prostituida son la tiranía, la oligarquía y la demagogia.

Para San Agustín, el ordenamiento del Estado está ligado a las concepciones religiosas que encierran la existencia del alma y de una vida ultraterrenal. En ese sentido, los poderes son temporales y deben servir al hombre para el disfrute de un bienestar temporal.

Siguiendo parte del planteamiento religioso que establece San Agustín, Santo Tomás de Aquino sostiene sus planteamientos sobre la organización estatal en tanto la persona debe cumplir con los deberes humanos que la categoría de hijo de Dios instituye.

Para el estadista Francisco Suárez, no puede haber comunidad política o “sociedad civil” sin autoridad; valga decir, un poder sobre el que recaiga la potestad o soberanía de un grupo. Hobbes por su parte establece que la naturaleza del hombre es dominar por la fuerza a sus semejantes, de modo que no se podría vivir dentro de una comunidad, sin antes fundar un orden político. Hobbes resalta además, la necesidad de conferir a un hombre o a un grupo de hombres el poder para gobernar y tomar las determinaciones que más convenga a la sociedad.

Para Locke, la organización en términos de una comunidad política se logra mediante un “pacto social”, él concibe dos formas de poderes: el legislativo y el ejecutivo. Adicionalmente, confiere a los gobernados el derecho a la revolución, así como la no participación de la religión en los asuntos del Estado.

Montesquieu en el Espíritu de las Leyes establece que todos los hombres nacen ligados mutuamente, así se fundamenta la noción de vida en sociedad. En su ordenamiento político, la separación de poderes queda plasmada bajo el principio en que: “la libertad no puede consistir sino en poder hacer lo que se debe querer y en no estar obligado a hacer lo que no se debe querer”. Para que esta libertad sea posible la separación de poderes es imprescindible como un equilibrio natural organizativo. Para Montesquieu todo estaría perdido si los tres poderes estuvieran en manos de un solo hombre.

Rousseau habla de un pacto entre los hombres, para él la voluntad general es un poder que radica en la misma sociedad civil o comunidad política. El poder es soberano, es decir sin limitación alguna y representa a las voluntades particulares de los individuos que representa. Para Rousseau, lo que el hombre pierde en ese contrato es su libertad natural y su derecho “ilimitado” sobre aquello que está a su alcance, en contraparte ganará la libertad civil y la propiedad de todo lo que posee. En ese sentido, el individuo libre es capaz de realizar sus proyectos en tanto no se lo impida otro más poderoso que él.
El soberano es un ser colectivo para Rousseau, la soberanía es indivisible y las relaciones entre el particular y el soberano tienen por ente regulador las leyes, emanadas de la voluntad general. Para él, el poder espiritual debe permanecer alejado del poder temporal.

Hegel determina el Estado comprensivo y absorbente de la libertad dentro de la unidad estatal de la persona que puede gozar de ella. Hegel distingue tres periodos de evolución: la hegemonía de la fe, la sustitución de la fe por la razón en lo que se da la libertad comunitaria y el periodo germánico. Para Hegel, el hombre será de nuevo lo que debe ser sólo en el comunismo. La sociedad comunista se da por la desaparición de las clases sociales y la eliminación del Estado. Así entonces, el proceso dialéctico consiste en la oposición entre la tesis y la antítesis. La idea del Estado tiene entonces una realidad inmediata, una relación con los demás Estados y una idea universal. El poder legislativo es “el poder de determinar y de instituir lo universal”.

Dentro de la concepción de Estado, Carl Marx distingue superestructuras e infraestructuras dentro de las formas de conciencia social. Marx y Engels “ideología social” que para Marx es una “falsa conciencia”. Marx fundamenta sus ideas bajo la idea de un poderío económico mediante la apropiación de los instrumentos de producción, en ese sentido, el hombre es esclavo de las relaciones económicas. La política revolucionaria marxista implica un supuesto establecimiento de la dictadura del proletariado para la creación de la sociedad comunista o perfecta.

La concepción marx-leninista predestina la condición de grupo, relegándola al reino animal. Se podría pensar en un sentido retrógrado del marx-leninismo al proclamar la dictadura del proletariado, cuando la lucha popular que predica esta doctrina le resta su esencia a la misma masa, si bien, la dictadura del proletariado se propone como un estado intermedio o de transición para la abolición final de los explotadores y explotados. Más aún, la dictadura del proletariado llevada a su práctica implicaría la eliminación de la libertad de expresión del pensamiento en todas sus manifestaciones, aceptando ideas predeterminadas y renunciando a lo único que tiene esa masa: la capacidad individual de pensar y decidir.

Jellinek expone que el Estado es un objeto de conocimiento y no una concepción ideal acerca del “cómo debe ser”, en este planteo ontológico, la organización en comunidad entre los hombres implica la integración de una naturaleza psíquica por estar motivada en la voluntad y en la mente humana. Para Jellinek, el propio sometimiento del Estado a las leyes que el mismo dictará es un paso indispensable para obtener un derecho fundamentado en las leyes. Jellinek establece que: “Si al hombre le es imposible alcanzar por si mismo sus fines particulares, más difícil le será a una sola unidad colectiva de asociaciones alcanzar los fines totales de la misma”

León Duguit estableció que los individuos tenían deberes jurídicos fundados en la interdependencia social. Así, la mayor fuerza existente en una sociedad sería la regla de derecho para la efectiva realización de la solidaridad social. Por su parte, Hans Kelsen sostuvo que el Estado no pertenece al mundo ontológico, sino al deontológico, donde el orden jurídico es la expresión de su unidad, es decir, la dupla Estado-Derecho pierde fuerza. Toría de Carré sostiene el dualismo Estado-Derecho como principio de organización social, entre otros puntos establece que los tres elementos del Estado son la población, el territorio y el poder público para poder dotar a los grupos humanos de pluralidad de individuos de una forma organizativa consistente.

Jacques Maritain distancia las nociones de Estado y Nación, el hombre aparece como un producto del grupo social. Dentro de la Nación se engloban factores comunes como lo son tradición, cultura, civilización, costumbres y necesidades. Así las cosas, se define la nación como una comunidad de comunidades y como contenido de la sociedad política.

Para otros como Adolfo Posada, el proceso real de estado radica en nociones como soberanía y norma. La derivación de estos principios apunta a los hombres como seres racionales y libres. El autor puntualiza que no se puede crear un “Derecho” que no esté encaminado a regular las relaciones dentro de la sociedad, basado en el respeto y el raciocinio. La idea de Estado se concibe como un ordenamiento jurídico en diversas formas para el objetivo que persigue el hombre.

Según Heller, el Estado es una unidad soberana organizada de decisión y acción. Se acepta el dualismo Estado-Derecho al sostener que no existiría sin carácter creador del poder, una validez jurídica normativa ni poder estatal, pero sin el carácter creador de derecho no existe positividad jurídica ni estado.

Finalmente, para Georges Burdeau, la institucionalización del poder mediante el derecho consuetudinario o escrito es necesaria. De aquí se desprende la constitución como un acto jurídico formal. De este modo, el Estado se presenta como un elemento del mundo del derecho. Por su parte, el territorio es el campo de acción del poder y la nación está sujeta colaborando con ese pode, el cual no es un gobierno, sino su manifestación. Así las cosas el Estado es la institución que encarna el poder al servicio de una directriz.

Retomando el pensamiento de Rafael Rojina Villegas, el Estado se concibe como “una persona jurídica con poder soberano, constituida por una colectividad humana determinada territorialmente, cuyo fin es la creación y aplicación del Derecho al cual se encuentra sometida” en tanto que no es territorio, sino que sólo lo supone.

Como se rescata de esta somera y marcadamente panorámica visualización de las diversas teorías del Estado, el hombre ha buscado siempre la forma ideal de organización y aunque no siempre la haya podido encontrar, o al llevar a su práctica alguna teoría, la misma haya resultado un fracaso, es la esencia social del individuo la que prevalece en las relaciones interpersonales, jurídicas y económicas que finalmente convergen en el seno de una sociedad organizada en torno a metas y objetivos comunes.

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