jueves, 1 de diciembre de 2011

Tan linda mi Costa Risa


Tan linda mi Costa Risa

Por: Fernando Alejandro León Avelar

Pensemos en la Odisea cuando el ingenioso Ulises, Rey de los de Ítaca, parte a la Guerra de Troya, pero a su retorno debe confrontar adversidades múltiples que lo retrasan por algún tiempo, tal vez veinte años dirían algunos, tal vez diez… poco importa la temporalidad en realidad. En esencia tal vez nunca se marchó, porque su espíritu siempre permaneció en aquella isla que era suya y amaba, siendo el tiempo sólo un referente implacable, que juega con los seres humanos y entretiene con beneplácito a las deidades, ¿por qué no habría de ser irrelevante al verdadero trasfondo de la situación?

Muy posiblemente el Rey Odiseo, o llanamente Ulises, haya gozado del beneplácito de una diosa sobre protectora y a veces alcahueta como Atenea; posiblemente, Odiseo no se arrepienta de los cuidados que le otorgaron en su momento las ninfas Circe y Calipso, ni del grato comercio efectuado en su momento con ellas, pero el caso es que después de muchas andanzas se fastidió y quiso regresar a su tierra natal, no todo fue tan fácil para nuestro héroe, pero en su interior posiblemente haya comprendido que tal vez las cosas no saben igual fuera del terruño.

Las condiciones mismas que debió enfrentar Odiseo en el trayecto no son para nada despreciables, pero constituirían un capítulo complementario si pensamos en lo que encontró al retornar a su Ítaca añorada. Por ahora, concentrémonos en el clímax de la obra: ¿Qué hacer entonces cuando al volver a casa lo que se encuentra es a un ejército de cafres, haraganes y cabrones haciendo fiesta con lo que no les pertenece?

Tal vez lo encontrado en la Ítaca helénica por Ulises no sea tan distante de lo que ocurrido en nuestra decadente ínsula y país de imaginario feliz e irracional ideario colectivo, esta ínsula donde vivimos todos literalmente muertos de la risa, en medio de los múltiples problemas cotidianos que encuentran salidilla fácil y uno que otro portillo de un sistema ineficaz y vulnerable. Entre los puteros citadinos que albergan sueños de evasión, necesidad de olvido, ahogo de las tristezas y solapada promiscuidad de los perturbados sentidos, es entonces cuando aparecen la política del favor y la cultura simplista del "pura vida", del "vivaracho" y del “porta a mí” que abundan en nuestra sociedad.

Bastaría con ejemplificar el cómo fregamos al hermano nica, que paradójicamente, de hermano no tiene nada, más allá del eterno fastidio de la existencia mutua. Mientras tanto, entre río revuelto en el pleito politiquero, las figurillas de turno se comen las provisiones de Odiseo y el patrimonio de Telémaco cual perfectos pretendientes. Nunca faltará que los vecinos de Odiseo y uno que otro colado, se quieran enajenar Ítaca, Chira, Calero o hasta a Penélope si esto fuera posible.

Tiene más sentido para muchos el creer entonces en adivinadores tiresianos que el mismo hecho de confiar en lo nacional, aunque el panorama no sea nada claro y en su misma esencia no deba ser claro, ni movido, porque el movimiento es una falacia de los sentidos. Es menester aclarar que etimológicamente, por definición, el panorama no es movido sino aglutinante, absorbente, mentiroso y ruin como un perro vendido y rabioso, que se contonea con laureo reconocimiento y argótica esencia, ¿será necesario que la hermenéutica le corte la cabeza?, entonces el pueblo tendría que vestirse de Hermes y hacer uso entonces de una espada damocliana para derrocar a los farsantes y oportunistas.

Mucha razón tendría el infatigable Odiseo de enfurecerse, pero tal vez no le hubiera quedado tiempo para ello si primeramente hubiera tenido que reparar una platina. Argumentaríamos entonces que el sistema vial de la Ítaca no era tan complejo como el de Costa Risa, pero en Ítaca los puercos no ensuciaban las vías con su publicidad, ni el escabroso ruido citadino superaba los decibeles válidos en una ínsula, pues todo eso estaría reglamentado en un Estado de Derecho.

Tampoco transitaban los itaquenses por calles llenas de huecos donde las reparaciones e inversión en infraestructura son prácticamente nulas, cuando se hacen y si es que se hacen, y sólo vienen a postergar el inevitable desmembramiento de un sistema vial caduco y de que no aguanta más parches ni remiendos.

Muy posiblemente a los habitantes de Ítaca no les pusieron unas cámaras controladoras de velocidad con las que al final no se pagarían ninguna multa y el campesino itacense en su cotidianeidad tendría mejores cosas que ver si Saborío falló dos penales, cuánto le pagan a Lavolpe, o quién gana en un clásico de equipos mediocres.

Así es, la mentalidad, la capacidad y la cultura del habitante promedio de Costa Risa no dan para más, pero es muy feliz en su imaginario. Después de todo sobraría decir que en Costa Risa todo es un chiste. Te matan por un celular y el Estado deja libre al delincuente a los tres días, ya ni siquiera se valora a las personas como inversión social, ni el dinero que ha invertido el gobierno en educación como inversión económica a largo plazo, si al menos fuera visto desde esta óptica tan poco humanista no estarían los criminales tan a gusto en el seno protector de la reincidencia y de la falta de una política coherente.

Pero no olvidemos a la hermosa Penélope que teje de día y deshace de noche. Tal vez en el fondo está esperanzada no necesariamente en que regrese Odiseo, sino en elegir el mejor partido una vez que las justas deportivas hayan actuado como una selección natural. Cuando se alcanzan las magnitudes de desvergüenza que tiene Costa Risa el único eufemismo globalmente válido es la indignación. Ni una palabra será válida entonces, el pueblo despertará de ese adormecimiento y correrá la venganza por parte de los agraviados, al menos esa sería el único augurio prometeico posible.

Porque en Ítaca durante la ausencia de Odiseo se le dio gran prioridad a la realización de certámenes y juegos, esos juegos se representan en el país de la risa y la desvergüenza con un estadio de fabricación china y durabilidad cuestionable, el estadio nada tiene de nacional, pero que pone a soñar a los risueños habitantes, les infla el ego y los ciega de la destrucción inminente del medio en el que se desarrollan.

Basta entonces con traer cada dos meses a un Messi, a un Brasil o a España "Campeón del Mundo". Con la aceptación de un modelo cultural hueco y justificado en el capitalismo y la sociedad de consumo, se dice adiós a un sistema de valores, a las tradiciones, a lo autóctono, pero mientras el habitante del país más feliz del mundo tenga "pan y circo" seguirá así: “feliz y conformista”, pues esa es su naturaleza ruin y cobarde.

No es de extrañar que se provoque la ira del furioso Odiseo quien sin pensarlo dos veces tomará venganza de las afrentas ocasionadas. Será tal vez el despertar de las masas y de los ideales de lucha, cuando el pueblo se levanta en una ola de indignación y rabia ante los arrebatos del gobierno, ante los despilfarros y un capitalismo en plena ejecución, es entonces cuando las mentes mediocres y carroñeras del sistema temen lo peor, porque han vivido como parásitos y saben que se acerca el fin de una incivilización que los favorece o el nacimiento de una nueva forma de gobierno, tal vez donde no sean los hipócritas ni los fanfarrones los que gobiernen, sino el sabio que aplique justicia con equidad y donde se viva en armonía con la naturaleza, con una repartición justa de los bienes y utilizando los recursos naturales adecuadamente.

1 comentario:

Luis E. Loría dijo...

Disfruté mucho de la lectura de su post. Lo felicito.

Saludos cordiales,

Luis E. Loría
Coordinador
República de Costa Risa