martes, 6 de diciembre de 2011

Un buen año...


Un buen año...

Sin espacios, sin penas, daños, odios o sufrimientos... apenas la retrospección, el viento sonoro, la montaña y los dioses del majestuoso Olimpo, quienes inspiran el canto del aedo y los mil y un designios venideros.

Cierto es que ante las adversidades, sale a la luz la virtud... Cerca está el fin de año, o el comienzo de muchas nuevas aventuras; no más ciclos por cerrar, ni carreras interminables con virajes hacia ninguna parte. Metas accesibles, ideas claras, trabajo constante, no hay otro secreto.

El escalar la montaña consiste en un diálogo interior que nos enfrenta a nuestros propios temores, alcanzar la cúspide es vencernos una vez más y demostrarnos que somos capaces de lograr todo aquello que nos propongamos, siempre y cuando programemos la mente para ello y trabajemos con el ahínco del caso.

Ciertamente, hay que ayudar a los demás, pero sólo cuando piden ayuda, pero ante todo hay que saberse ayudar cuando eso es necesario. La hermandad va en decadencia por las malas praxis internas, las rencillas, rencores y las diferencias entre los caciques, siempre existe la figura de temporada que desea ser aplaudida y aclamada por su hermosa cara, esos, con todo y las envidias que los rodean son los que provocan lástima y en ocasiones vergüenza ajena. Muchas cosas han cambiado, la metamorfosis es parte inherente al aprendizaje humano.

No es triste ni humillante el camino pasado, hay que aprender a llevarlo con todo y los recuerdos, pero siempre es mejor vivir a plenitud el presente y mirar el mañana de frente, con la vista en lo alto y paso firme al transitar.

Acaba un año intenso sin duda alguna, mediocridad sería pensar apocalípticamente. Hay tanto por hacer y la noche es corta. El camino del constructor es multifacético, enseñar el arte antiguo a quien quiera aprender verdaderamente.


http://youtu.be/jtLCvXl_k3k

PMRHEE
Augustus

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