sábado, 14 de enero de 2012

Orientes



“Detrás del cielo más oscuro y nublado,
siempre hay estrellas.”
-Proverbio oriental
Orientes

Viajes en el tiempo, desplazamientos místicos que se confunden con el pasar de los instantes. Laberinto en movimiento del que no podemos salir si no es matando al Minotauro con la Espada Damocliana y el dorado hilo de la bella siempre amada.

En soledad caminamos. Conocimiento fundado en el seno de la fraternidad. Sentimiento altruista el que nos acompañará hasta la entrada del Templo Delfi. Santuario de realización mística y unión con el universo. Piedras desgastadas e imperfectas, pensamos en todos los transitares precedentes y la única constatación es el construir camino.

Flores amarillas en una vereda, montaña mágica a la cual escalamos para vencernos a nosotros mismos. Seguimos el sendero y los sonidos del riachuelo que cada vez se hacen más intensos. Padre, ¿quién soy yo para llamarme hijo tuyo?

lunes, 2 de enero de 2012

Camino a Santiago



Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

-Antonio Machado
Proverbios y cantares(XXIX)

Camino a Santiago

El sol empieza a clarear, triunfante de su lucha cotidiana contra la oscuridad. Del combate pasado, sólo ha quedado la exhausta satisfacción del viejo y desgastado monarca, quien al imponerse derramó su néctar sagrado en forma de finos rayos sobre el infinito que le rodea. Los áureos campos reflejan entonces penetrantes destellos de luz, cual espejos del alma que intentan ocultar las palabras nunca antes dichas e impacientes por manifestarse sin el permiso de los labios. Insensatos sonidos del ayer, esos que corroen el alma y el eco de nuestra esencia; artífice de su antaña grandeza y de sus propios pasos perdidos en el tiempo.

Nuestro caminante emprende la marcha, con sus alforjas llenas de municiones que distribuirá en forma más o menos uniforme durante su transitar: vino, agua, queso, frutas secas, pan, todo envuelto cuidadosamente en una pañoleta y acomodado bajo un estricto ritual que el galeno repetirá sin cesar a partir de ahora. Le acompañan los recuerdos de infancia que pasan insistentemente frente a él tras cada paso, luego de perderse toda la helada noche entre sus propias huellas y el infinito cósmico. Descubre camufladas en el firmamento las enormes y destellantes estrellas: “¡Aquella, la más brillante!, ¡Esa será la estrella que me guiará en mi camino!”.

Conocedor es del objeto de su transitar y del que esa será la única forma para vencerse a sí mismo; de otro modo no tendría sentido, debe escribir su propia historia. Escalará la montaña para ser tentado. Nadie se lo dijo, simplemente supo leer el mensaje oculto en las palabras. Con determinación, sin lágrimas, ni arrepentimiento, pero con un aire de melancolía tangible, es consciente de todo lo que dejó atrás: familia, recuerdos de infancia, fuego, amor y casa. Se reconoce infinitamente pequeño en el universo y el saberse inconmensurablemente diminuto le permite admirar las grandezas del Gran Arquitecto a su alrededor:

“Somos una gota de agua en el océano”,-susurró para sí- y al caminar durante toda la noche, supo que esa aventura sería recordada por el resto de sus días.