miércoles, 14 de marzo de 2012

Ecos mundanos



El hombre vive en un mundo en el que cada ocurrencia
está cargada con ecos y reminiscencias de lo que ha ocurrido antes.
Cada acontecimiento es un recordatorio.

Ecos mundanos


Cornada y embestida sexual, deseo despertar en tu orgasmo de leche y miel, olor sagrado a hierba, queso, vino y tejocote. Me hundiré en las pasiones y la soledad de tus montes, los dioses del Olimpo, y no otros, se deleitaran con las más finas orgías y los más suculentos festines carnales.

¡Afrodita de las mil noches! ¿Dónde quedó la razón de hierro? Millones de sueños para desnudarte y en sacrificio ofrecerte inmolación y canción. Las parejas de la mano van hasta llegar al Chalet. Deambulan por un deseo sin igual, buscan independencia, transición y sumisión: todo de la mano está, cuando se sale al encuentro del sitio que romperá el hechizo de la soledad.

Aquí tú me desnudaste y con presunción mi cuerpo desechaste. Nada de eso tuvo coherencia y hoy sufro con beneplácito y complacencia. Ya no busco más tus pechos, tu cuerpo ni tu ser. Vagar por los infiernos ordenaste, sin embargo mi alma te fue siempre fiel.

El sonido de tu ausencia despierta nuevas pasiones, pero el amor queda encerrado en el tiempo, como cenizas y las mil desilusiones. Mis ojos perdidos trataron de ocultar el llorar, pero lágrimas en ellos no las pude evitar. Fue la pena y tu desprecio, por siempre me harán vagar. Ya no sé que más hacer, para poderte mostrar, ese vacío que dejaste y ya nunca va a acabar.

Ya no quiero encontrarte, niña, vete ya. No más contemplaciones que el frío arribará. Música grotesca y lapidaria dejó tu partida maligna, ya no quiero saber nada, ya no más osadías. Olvidaré este dolor que tan fuerte hoy me hace sufrir, jamás a los tuyos lo deseo, no te voy a maldecir.

Espero el reloj del olvido y con su eterno transitar, ojalá a grandes pasos mi vida vaya a acabar. No eres miel, fuiste veneno y de ti me fui a enamorar, esta espina en mi cuerpo, yo no la puedo sacar. Triste final, sin más gloria que el desangramiento de un corazón a tu honra.

En un callejón solitario, llego a veces a pensar. Entre espejismos y entre sombras, observo tu figura hacia mi avanzar. Voy comprando almas en pena, a quien la desee malbaratar, pues la mía no vale ya nada, dudo que alguien la quiera albergar.

Música crepuscular escucho y de ella no me puedo desprender, me lastima este mundo de él me quiero marchar. Intenté alcanzar la luna, sin pena ni gloria es mi pensar, olvidaré el recorrido, olvidaré el transitar.

Mensajeros malignos me vienen a buscar, al reconocerme como uno de ellos con complacencia me saludan y se van. Tierra que eres poco firme hasta para vagar, de ti salen sentimientos de olvido, agonía, desolación y muerte. Insisten en jugar conmigo, a mi encuentro marchan ya.

Letras mortíferas escribo, por estos polvos de estrella fugaz y las guitarras de antaño, retornemos a la historia. Aún queda mucho por hacer en este lugar, tendré que pensar en cómo expandir mi ira y mi maldad, pues las quemaduras quedan y haré que alcancen a más.

Hay presencias extrañas que la paz intentan robar, mas cuando perdido estás, ya todo lo mismo da. Fueron la fuente y su agua, las que en teoría darían paz, pero con estúpido preludio, la conversación marcaría el solaz.

Yo no sé si creer en la muerte, lo cierto es que ella vendrá y si muchos la valoran, como lo hacen con la ancianidad ¿por qué entonces se le ha de negar?

Si mi alma en fantasma se transforma y con el tiempo es condenada a vagar, tal vez quede amarrada, a este jardín donde el amor estuve a punto de confesar. Conversaciones banales, palabras arrastradas por el viento y por buscar, todo para intentar conquistarte, todo para tu confianza ganar.

Más fue el amor y fue la rosa con que tu segundo nombre quería invocar, las que propiciaron la debacle y el surgimiento de tan cruel verdad. La elegí grande, perfecta y sin errores, pretendiendo siempre que su aroma y su belleza despertaran las pasiones.

Ya no tiene caso transitar por aquí, te perdí, o lo que es peor, tal vez nunca te tuve. Seguir aquí me deja intranquilo, en sueños desee avanzar por tu camino.

Pero ya no deseo más continuar, el espectro de tu recuerdo me desbarata el alma y me rompe las venas, escucha que ya no sé ni quién soy y lejos estoy de tus caprichos de princesa.

Cierro los ojos sentado, espero que vengas aquí. En el fondo sé que es en vano, me mortifica ahora el seguir el trayecto o la posibilidad de toparte acompañada de otro y sonriente.

Fragancia que marea, olor a jazmín, incienso y lavanda. Dejen mi pena sacar, mientas lloro a la idolatrada amada. Querida siempre viva y enterrada, un día no serás más que recuerdo y de tu perfidia no quedará nada.

El peso de mis pasos me duele hasta el alma, arrastro mi cuerpo lentamente y por desgracia no siento más nada. La vendedora de flores será la referencia para recordar tu amor, un lugar ideal para sucumbir y camuflar la razón.