jueves, 14 de junio de 2012

Espectros olvidados del ayer


Espectros olvidados del ayer


Por: Pierrot

¡Mundo de las palabras, de las ideas y de los sentimientos! ¿Por qué juegas conmigo? ¿Cuántas pruebas más he de vencer?

Fantasmas asechan mis pasos, temerosos de mi ira intentan invitarme a jugar.

He descendido a los infiernos, ahí donde el más gallardo caballero desearía ser un simple lacayo con tal de retornar al mundo de los vivos. Me perdí en el mundo donde ni la palabra escrita ni los versos tienen valor alguno.

Miradas de odio, tristeza, sufrimiento, desesperación y agonía… Miradas de polvo, recuerdos y desvelo.

Mi ser ensangrentado y sediento de ti se plantea diversas interrogantes. Siempre se trató de círculos de vida, caminos que debían recomenzar. Ciertamente, no he encontrado la felicidad y a ciertos bufones del destino nos está vedado sonreír.

Realidad y utopía se confunden entre sueños. Cada decisión es un riesgo, no he sido ni fuerte ni débil, sólo he sido.

Vivimos tratando de reencontrar un pasado que nunca volverá, recobramos algunos eslabones de una cadena infinita que se pierde en el horizonte. En el fondo, sólo buscamos un poco de paz y tranquilidad.

Naufragar sin rumbo, absorto y solitario; perdido entre las voces del viento. El camino del constructor se forja a partir de victorias personales, nadie dijo que sería fácil, pero aquel que deje de luchar no es merecedor de ser llamado siquiera cobarde.

Los sabios y constructores afirman que la gratitud es la memoria del corazón. Llovió en el desierto y me dejé abrigar por tus finas gotas de elixir y néctar, ellas resbalaron dulcemente hasta perderse en mis labios.

Escucho las voces de los antiguos, parecieran haber quedado impregnadas en este pedregal donde abundan las tunas. Sólo está derrotado el que ha dejado de luchar. Entre ecos la historia pareciera contarse recursivamente. Las estrellas no predicen el futuro, sólo resguardan los grandes amores nocturnos que se dejaron llevar de la mano por las musas y las más ardientes pasiones.

Me gustas con tus miedos, nostalgias y silencios. Siento el alma desprenderse de mi ser en diminutos fragmentos arrastrados por los diluvios del tiempo. No quiero tu cuerpo, quiero tu esencia mística y con ella de la mano caminar.

Eres luz, eres proeza, mi libertad y mi destino que iluminan mi camino y el eterno transitar. Niña de mi vida ¿cuándo te he de olvidar? Ya no busco aventuras, sólo quiero construir, no quiero castillos de arena, el antiguo arte se basa en vivir…

Un día tal vez retorne a tu lado, susurraré esas líneas perdidas en el tiempo y prohibidas para los amantes perseguidos, sembraré un jardín de tulipanes, verónicas, rosas, margaritas y girasoles.

La corona de laureles es el trofeo de la presunción, la zahúrda y todo aquello cuyo no decir es preferible a lo que se pueda anotar al respecto.

Del alba al ocaso moriré cada día un poco más. No predicaré jamás sin el ejemplo…

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