miércoles, 26 de septiembre de 2012

Poblamiento de América




El poblamiento de América tradicionalmente ha sido sinónimo de divergencias entre los criterios o teorías que intentan justificar la presencia de los aborígenes a la llegada de Colón al continente, la pregunta fue ¿cómo llegaron estos habitantes a América?

     La mayoría de tesis y fuentes tomadas en cuenta han apuntado clásicamente a una entrada por el estrecho de Bering,  sin embargo nuevos hallazgos señalan que el poblamiento podría haberse dado por alguna parte de Sudamérica, más aún, podría asimismo haberse dado en algún momento, una cohabitación simultánea de distintos tipos de hombre en el continente, tesis que se desprende del hallazgo del cráneo de Luzia en Brasil (referencia del vídeo documental trabajado en clase).

     Primordialmente, para hablar del poblamiento de América, los parámetros que se toman en cuenta son los restos humanos, las flechas y otras evidencias materiales de la presencia del ser humano como murales o pinturas de las cuales se valora su antigüedad con pruebas de carácter científico como el C-14. 

     Es importante recalcar que esto no explica en el sentido estricto “el origen” como tampoco responde a las preguntas: “¿por dónde ingresó el ser humano al continente?”, “¿ingresó o de alguna manera estuvo en comunicación continua con el continente?”, “¿sólo un tipo de homo habitó realmente o no el continente?” sino que, lejos de aclarar los dilemas, sólo son las tesis de los arqueólogos las que se sugieren a raíz de algunos indicios materiales, se intenta reconstruir la ruta del poblamiento del continente.

     Otro de los aspectos dejados de lado tradicionalmente es ¿cuál fue el medio utilizado para la entrada del ser humano en América? Algunos estudios señalan que por la inclemencia de las glaciaciones era improbable que se lograra atravesar el estrecho de Bering persiguiendo un bisonte, pues los gigantescos bloques de hielo prácticamente harían infranqueable el estrecho y atravesar lo que actualmente es Alaska y parte de Canadá.


     Entre las tesis más representativas, se sugiere entonces la incursión al continente por medio de balsas o canoas. Independientemente del medio o mecanismo utilizado, hasta hace pocos años la idea de la entrada y poblamiento del continente por el norte era prácticamente estandarizada e irrefutable por los expertos, pero empieza a considerarse la posibilidad factual de un ingreso y poblamiento a partir del sur, posiblemente a partir de islas de Oceanía aunque la comunidad científica no se ha pronunciado categóricamente al respecto.

     A continuación se mencionan los principales hallazgos, sugeridos y recapitulados por Earl Swamson  en los que se rescata parte de la periodización y antigüedad de las evidencias respecto al poblamiento de América:

     En la segunda mitad de la década de 1920, George McJunkin y J.D Figgins encontraron en Nuevo México huesos de bisonte (extinto al final de la glaciación) y una punta de sílex que lo habría matado. Este hallazgo es determinante para la época pues se concluye que el hombre en el continente americano tenía presencia al menos diez mil años antes de nuestra era.

    También en Nuevo México, en la década de 1930 se encontraron yacimientos de huesos de animales junto a puntas de proyectil. Al estar por debajo de la capa geológica donde se habían encontrado las evidencias anteriores, se determinó que estos hallazgos databan al menos de 12 000 aC y llevaría a pensar en una entrada al continente en sentido norte a sur, es decir, por Bering idea que se generalizó.

     En la década de los 40 varios yacimientos de huesos en Estados Unidos fueron sometidos al carbono 14 y se señaló una antigüedad que remontaría posiblemente al 29 000 aC, sin embargo esta datación fue puesta en duda por varios arqueólogos.


     En 1971 se estudió un cráneo antiguo denominado “el cráneo de los Ángeles” que sugiere la presencia del ser humano en el continente 25 000 aC. Sin embargo nuevamente muchos estudiosos no aceptaron esta prueba, pues el cráneo había estado almacenado en un museo desde 1936 y se podrían haber alterado sus características esenciales.

     En 1974 se estudian unos huesos encontrados en el Pacífico norteamericano. Se sugiere que la presencia del ser humano en América es más antigua de lo que se creía, se apunta a una antigüedad de 48 000 aC  esta antigüedad también han sido puesta en duda por estudiosos y expertos. En Texas se encontraron raspadores y cuchillos de piedra. Se sitúa el poblamiento de América entre 35 000 y 25 000 años, sin embargo siguen siendo inferencias discutibles. 

    En una cueva de la Isla Príncipe de Gales se encontraron plantas y animales en el área. Asimismo se encontró un esqueleto humano. La zona era adecuada para el asentamiento y se determinó que la dieta de los pobladores era primordialmente basada en mariscos.       
   
    Posteriormente en unas  islas de California, en Estados Unidos se da el hallazgo de huesos humanos y pruebas del uso de botes en estas poblaciones. Se consideran de los restos humanos más antiguos del continente con una antigüedad comprobada de 13 000 aC.

    Otros hallazgos importantes se darían en los valles de los ríos Yukón, Old Crow y en California: conjuntos de herramientas, pre-puntas de proyectil entre otros que sitúan la antigüedad del ser humano en el continente entre 23 000 aC – 14 000 aC.

     Hasta este punto, es interesante recalcar que la mayoría de hallazgos hacen referencia o apuntarían a que la evidencia del ser humano más antiguo registrado hasta entonces en el continente se encuentra o encontraría en Estados Unidos, muchos intelectuales llegaron a cuestionar políticamente esa particular recurrencia aludiendo a intereses meramente políticos, lo cierto del caso es que posiblemente sea en Estados Unidos donde se hicieron la mayor cantidad de estudios e investigaciones, donde se invirtió más presupuesto y se financiaron las investigaciones arqueológicas más completas a nivel continental.
    
    En la década de 1970 se encontraron restos humanos en Suramérica. Estos hallazgos arqueológicos corresponden al Paleolítico suramericano. 20 000 aC  y se dieron en el valle de Ayacucho y en la cueva de la Pulga. 

    También en la década de 1970 se estudió el desarrollo de puntas de proyectil, de las culturas de “útiles de lasca” y “utensilios sobre lámina de piedra y hueso”. A pesar de no existir acuerdo entre considerar propiamente una cultura o simplemente industrias desarrolladas para el aprovechamiento intensivo de recursos sin connotación cronológica. Las dataciones corresponden a 25 000 – 16 000 aC para los útiles de lasca y 16 000 – 12 000 aC para los utensilios de lámina y hueso.

    Dentro de los restos humanos no procedentes de EEUU, tenemos asimismo los de Tepexpán, Lagoa Santa en Brasil, junto a ellos también se encontraron puntas de proyectil. La antigüedad se plantea entre los 12 000 a 10 000 aC, estos restos son contemporáneos de la megafauna existente en las etapas finales del Pleistoceneno.
    De vuelta a los Estados Unidos se tiene en las  Montañas Rocosas puntas de proyectil, a las cuales se les ha llamado puntas de pedúnco.

    Se dieron también varios hallazgos aislados correspondientes al Valle de Tehuacan y al Estado de Tamaulipas en México de puntas de proyectil consideradas de las primeras de la industria lítica Se cree que estas puntas fueron las predecesoras de los estilos que se difundirían en América del Sur.

    En el yacimiento del Jobo en Venezuela se encontraron puntas junto a restos óseos de fauna ya extinta, se dataron entre 14 000 a 10 000 aC

       En Chivateros y Laguna de Tagua en Perú y Chile se encontraron puntas de proyectil sometidas a las pruebas de carbono 14 las cuales señalan una antigüedad de 13 000 aC. 

   Por su parte, en Arizona y Nuevo México se encontraron otras puntas de proyectil, con una antigüedad que  no rebasa los 13 000 aC

    Fueron analizados además yacimientos en Colorado, Nuevo México, México Centroamérica y Suramérica entre 1926 y 1929, se estudian las puntas Folsom las cuales no aparecían en asociación con los animales cazados con las puntas Clovis, estas puntas Folsom se caracterizaron por un desarrollo elevado del hueso y del asta. Los análisis apuntan a una datación de unos 11 000 aC.

    Al extremo sur de Suramérica, Perú y Ecuador Se desarrolla cultura especializada en puntas bifaciales con una datación aproximada entre 11 000 – 6 000 aC.

    En Sudamérica, específicamente en Laurichocam Chivateros, el Jobo y Ayampitín se fabrican puntas usando las técnicas de presión y percusión, las cuales datan de 8 000 – 7 000 aC.

    Finalmente considérense, no menos importantes, las manifestaciones artísticas como grabados y pinturas de los Grandes Lagos, Baja California, Toquepala y Lauricocha en Estados Unidos, México, Perú y la Región Andina. En general, se pasa de expresiones artísticas elementales como manos a composiciones elaboradas como danzas ejecutadas con una concepción realista de humanos y animales.

    Parece difícil aceptar la idea de un poblamiento a partir del sur del continente desde el punto de vista del ingreso por vía marítima, sin embargo no es un hecho del todo imposible, algunos investigadores se han  aventurado un poco más y han señalado que el poblamiento por el norte también es poco verosímil dadas las condiciones climáticas extremas, pero hasta ahora lo que hay son teorías y seguirá faltando una evidencia contundente que responda a las interrogantes: ¿cómo, cuándo y por dónde se dio el poblamiento del continente? Y en caso de aparecer nuevos indicios, posiblemente se responda sólo la fecha aproximada y no las preguntas de fondo al respecto.

    Lo que se rescata con la reseña de Swamson es el que las investigaciones sobre antigüedad del ser humano en el continente americano remontan hacia una fecha muy anterior a la que cualquiera de los cronistas españoles pudiera haber hecho inferencias, más aún la entrada del ser humano en América pudo ser contemporánea a la aparición del mismo homo sapiens en Europa y Asia, aunque para esto sean necesarias mayores pruebas.


[1] Swamson, Earl et al. América Antigua I,  Barcelona: Ediciones Folio, 1994, pp 55 -72

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