miércoles, 14 de noviembre de 2012

La Muerte en sus Laureles



La Muerte en sus Laureles

Un héroe silencioso ha muerto: nadie llore, nadie rece, nada de lagrimeos, ni sollozos. Sus últimas palabras fueron: “vivan y recuerden lo que vivimos, los golpecitos en el pecho y las oraciones sin sentimiento real son ajenas al verdadero significado de la muerte y sólo la corrompen con tristeza”.

Nos han enseñado a vivir, pero no a morir. Lástima, los fanatismos religiosos no nos han educado para la muerte. Llorar, sí, pero por lo que no se hace en vida, después no tiene caso que otros derramen sus lágrimas...

No es una obligación sentir algo por las personas con las que no se compartió, ni siquiera se puede obligar a estar triste o rezar; pedir manifestaciones de la fe es como sugerir preferencias: nadie puede exigir rezos a conciencia si estos no salen del alma... nadie podría señalar si de tu interior no brota nada superior a la indiferencia y al silencio contemplativo que evidencia el pasar del tiempo.

La muerte no es motivo de tristeza, significa que la vida está surgiendo en algún otro lugar y con esta, la renovación misma de las energías del Universo en el círculo infinito.

Prediquemos con las obras y no con los cuchicheos destructivos.

Pierrot Augustus

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