jueves, 13 de diciembre de 2012

De Alcalde a Presidente…




Cual deshonesto, oscuro y apestoso amanecer en la Ciudad Gótica de Bátman, se levanta al alba la dolida y demacrada San José,  entre vendedores ambulantes, inseguridad, pestilencia, chanceros, tombos, putillas baratas, buses, taxistas piratas, gente que no cabe ni en las aceras, maes que piden una tejita y lacras malolientes de las que asaltan desde buena mañana pero que nunca son atrapados por la policía. Así es San José un espejismo de capital neomoderna mal lograda, ente urbano que se niega a salir de los años 30 y sitio en el que fácilmente las construcciones de interés arquitectónico ceden el espacio a nuevos parqueos, antros o prostíbulos.

Tal vez este pueblerino paraje, pero con el mismo olor a excremento humano, orines, basura y esmog, contrasten las ambiciones millonarias de un grupo politicoide que pretende modernizar este espacio, marcado esencialmente por la desigualdad y falta de transparencia; así es como la ingenuidad de los josefinos y de los costarricenses. En general, esta perspectiva se ve respaldada por la ausencia de opciones, por la escasez de ideas y por los proyectos de gobierno con poco sentido u orientación: el alcalde sería un “peor es nada”, o mejor dicho un “peor es Laura”, si así se quiere visualizar.

El currículum de Don Johnny no es precisamente de los más brillantes ni completos. Pero en Costa Rica basta con sonreír, tal vez darle una pseudovaca a Marito Mortadela, tirar pólvora en todos los eventos de fin de año y adjudicarse las obras realizadas a título personal, valga aclarar que esas obras nunca serán tantas, ni de tanta magnitud como la cantidad de asaltos que ocurren a diario en la ciudad capital, las impresionantes presas y congestionamientos con las que convivimos a diario los capitalinos, o los miles de huecos en las calles pues esos sobran; desgraciadamente, tampoco se puede hablar de una política que se haya preocupado por crear fuentes  de empleo digno, por reforzar un sistema educativo decadente de por sí, sino más bien por una serie de ajustes y remiendos voluntariosos, coincidentes en muchos casos con los periodos electorales. 

Ciertamente decir que durante su gestión se organizaron unos Juegos Deportivos Centroamericanos es mejor que el aceptar que no ha hecho nada relevante del todo, pero el Alcalde de Ciudad Gótica jamás habría alcanzado una presidencia a partir de los logros específicos y personalísimos de Bruno Díaz. En el río revuelto de la política electorera costarricense, la figura de Don Johnny sale a relucir como la de un hombre regordete, bonachón, con cara de bailongo (cualquier parecido con Santa Claus es casualidad) y menos logros que discurso, pero ante la situación caótica actual en que nos tiene metidos la nefasta señora Laura y su ausencia de carácter, el costarricense podría volver a creer en confitillos, en Figueres, Calderones y hasta "horas de abrazos" si fuera el caso, tal vez hasta en imposiciones despóticas de los Arias… después de todo la gente sigue votando por colores y no por ideas.

Pues sí, lo de Don Johnny son las tamaleadas, los festivales y el Barrio Chino, mismos que no deberían ser los claveles en el ojal, más aún cuando las obras se realizan con el dinero recaudado por los impuestos y un presupuesto nacional que en teoría, como Alcalde, su función es la de administrar, todo sin intento de mérito personal, esa necesidad de reconocimiento es enfermiza y deja ver un ser vago, sin imaginación y una pobre personalidad politiquera y polititica de quien se ha valido de su posición para devengar un estatus prácticamente vitalicio, Costa Rica necesita algo más que eventos públicos y aplausos en convenciones.

Con estos candidatos y partidos no hay mucha esperanza para Costa Rica, que tatica Dios nos agarre confesados, o que el pueblo asuma la posición que le concierne y no sólo una indiferencia enfermiza y apática que nos ha caracterizado como nación de paz.

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