lunes, 16 de diciembre de 2013

Entre lo moderno y postmoderno

Concepciones diversas (II Parte)
    Educador: Alejandro León Avelar



     La modernidad como la postmodernidad en tanto que movimientos filosóficos van a estar presentes en los sistemas educativos latinoamericanos modernos, los cuales funcionarán como una especie de receptores híbridos de ideas provenientes de estos movimientos, tal vez distantes por mucho a las realidades como ocurrieron en Europa o a la norteamericana.

     Mientras en la modernidad la idea en educación era crear percepciones comunes acerca del mundo y del cómo actuar en el, bajo la concepción postmodernista se impone la tecnología a lo humano, el rol del docente no tiene más el sentido que tenía durante el discurso moderno, en general en educación se predicará el triunfo de la tecnología y un cambio significativo en la dinámica pedagógica.

     El docente pasa en la postmodernidad de ser aquel que todo lo sabe a un mero intermediario, a veces hasta cuestionado, tal vez menos valorado que en antaño, el conocimiento está en otras partes, el educador deja de detentarlo en forma exclusiva, pero también existirá en la postmodernidad mayor sensibilidad hacia las diferencias, en general el saber circula más rápido, existe mucha información y la ventaja radica en el acceso que tengan los individuos a dicha información, ejemplo de esto lo vemos a diario con el Internet y las redes sociales entre los jóvenes, donde se difunde una cantidad impresionante de informaciones a diario y estos las accesan prácticamente en tiempo real, el valor de la información adquiere un carácter fundamental y diferenciado de la acumulación de saberes para la vida que se promovían desde la modernidad.

     Nuestros sistemas educativos latinoamericanos no han superado del todo la modernidad, pero la influencia postmoderna es inevitable. Mientras el docente sigue preparando su clase en función del libro de texto, el adolescente ha vivido inmerso en lo multimedia: palabra, sonido, imagen, alcance de lugares remotos y posibilidades casi ilimitadas. De esto surge entonces una pregunta fundamental: ¿estamos los docentes preparados realmente para atender las necesidades de ese alumno tecnológico-digital? 

     En una visión más de corte eurocentrista, la modernidad expresaba un sentido triunfalista de la razón, se privilegiaba al sujeto en democracia, mediante la ciencia se desmitifica la religión. Para los sujetos racionales la ciencia era clave en el entendimiento de la naturaleza y del cuerpo, además esta repercutía en el nivel político y en la democracia. Predecir el comportamiento de la naturaleza es descubrir la sociedad caracterizada por la racionalidad. La racionalidad es lo único que define el orden y la sociedad estará fragmentada, siempre leída en relación de caos. El ser humano es leído desde la complejidad y la alteridad-otredad.

     La Racionalidad consiste entonces en reconocer al ser humano como un ser educable y muy de la mano con lo que establece el Efecto Pigmalión (lo influenciable, sobre las otras personas), con la capacidad de transformar su condición natural en una condición educable, el maestro es capaz de transformar de manera progresiva la condición natural de sus estudiantes.

     Ambos movimientos son una manera diferente de entender el mundo y por ende, son formas distintas de pensar la educación; el paradigma hermenéutico que propone una mirada particular en el proceso educativo en medio de la discusión contra el paradigma crítico tecnológico, hay una distancia entre lo que se concibe y lo que se lleva a la práctica.

     Zygmunt Bauman por su parte propone la racionalidad líquida, el ser humano se hace de aciertos y equivocaciones. Existen diferencias a pesar de la otredad y se parte de la racionalidad para crear cultura. El síndrome de la impaciencia en la sociedad estará plagado de una inminente necesidad de buscar atajos, ahorrar tiempo, obtener atajos y obtener gratificaciones, todo esto como señala Bauman lleva a concebir la educación más como producto que como proceso.

     La modernidad líquida rechaza el compromiso, la lealtad absoluta y los largos plazos. Baumman rescata una cierta alegría por el deshacerse de las cosas (aspecto que podemos constatar en la sociedad de consumo y sus hábitos, cuando lo que ya no es la última moda simplemente se desecha). Este autor menciona que en el caso del consumismo ya no se trata solamente de la acumulación, sino del breve disfrute de los objetos.

     Bajo esta perspectiva, la postmodernidad revalorará aspectos como la memoria, cuando todo es cambiante y la única constante precisamente es el cambio, en ese contexto como lo señala Baumman, el aprendizaje está condenado a ser una “búsqueda de objetos esquivos” y tal vez lo principal de esta reflexión, es que el alumno no se siente atraído cuando lo que le estamos brindando en las aulas es un algo completamente descontextualizado de la realidad, innecesario, o cuando menos inútil ante sus ojos en el futuro inmediato, el alumno muy posiblemente no estará preocupado por su formación integral, sino por el aquí y ahora inmediatos, por el ya salir de eso que lo agobia.

      Tal vez es donde la educación pasa a ser vista por los estudiantes como ese “mal necesario” y se sostiene por la finalidad de las certificaciones y títulos que respalden a esa persona en sociedad, no como entidad formadora y de valores, sino como una máquina donde después de un cierto tiempo saldrá un producto. En ese contexto pasa lo que en ocasiones se menciona en los colegios y hasta en la universidad: el estudiante pasó por las aulas, pero nada quedó en él, no hay criticidad, todo queda relegado a ser un elemento más del sistema.  

     Con el siglo XVII en Europa se dará el cuestionamiento si el “indio” era persona y si su calidad de persona era similar a la del europeo (es decir, la aceptación de la calidad de persona no implicaba una igualdad real, se podía ser “persona” de niveles inferiores), de cualquier forma, se pasa de la concepción de bárbaro a la concepción de civilizado pero siempre se descubrirá América Latina en función de Europa. 

     Se comienza entonces con los discursos de inclusión educativa, alteridad y multiculturalidad, en general no hay una educación sino múltiples formas de educar y conviene cuestionarse cuál es el lugar del docente entre la modernidad y la postmodernidad, el de formadores o el de reproductores del status quo versus la  visión de mediadores, facilitadores y promotores de la educación, ¿cuál es la razón de ser?, ¿dónde queda lo formativo y lo integral?

     La pregunta que queda es cuál es el lugar del educador cuando no se le contempla como formador. Actualmente podríamos hablar de versiones y nadie tiene el conocimiento completo. El discurso postmoderno no transforma las brechas de la desigualdad, lo que lleva a un diálogo con el tipo de experiencia. En general se tenía la premisa que a mayor escolaridad mejor  condición económica. ¿Cómo se educa y para qué se educa entonces si objetivos básicos no serían alcanzados de todas maneras?

      En América Latina se podría hablar de una versión, al principio de esta síntesis se propuso la idea de “híbrido”  que no alcanza al nivel de desarrollo europeo, pero que por su contexto político particular y las características propias de nuestras naciones tiende hacia las perspectivas globales.

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